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LA FÓRMULA DE LA FELICIDAD

-“¿Qué es lo que esperas de la terapia?”, le pregunté a mi paciente. -“Quiero ser feliz”, me respondió ella. Este es uno de los requerimientos que suelen pedir los pacientes en terapia. Psicológicamente se encuentran deprimidos, ansiosos, inseguros porque no saben si lo que les pasa es normal, necesitan el apoyo de alguien que al menos les escuche y comprenda por lo que están pasando… Por otro lado, los datos son desalentadores (Infocop, 2006): En los últimos 45 años las tasas de suicidio han aumentado un 60% a nivel mundial. De hecho, indica la OMS, el suicidio constituye una de las tres causas principales de muerte en personas entre los 15 y los 44 años (en ambos sexos), cifras que no incluyen los intentos de suicidio, unas veinte veces más frecuentes que los suicidios llevados a término. Brian Mishara, presidente de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, mantiene que “en esta época de preocupación por la violencia global, el terrorismo y los homicidios, con frecuencia hacemos caso omiso al hecho de que alrededor del mundo el número de personas que se suicidan es mucho mayor que el número de personas que mueren por guerras, actos terroristas y violencia interpersonal conjuntamente”. Tal y como indica la WFMH, en el año 2001, se produjeron 500.000 muertes por crímenes y 230.000 en guerras, frente al millón de muertes por suicidio. De este millón de muertes por suicido, el 90% padece al menos una enfermedad mental que a menudo no ha sido diagnosticada ni ha recibido tratamiento o abusa del alcohol u otras drogas. El ser humano quiere ser feliz pero en ocasiones no saben cómo conseguirlo y llegan a tal punto de desesperación que deciden quitarse la vida. La intervención de especialistas en salud mental (Psicólogos/as, psiquiatras) habría podido impedir este desenlace tan dramático. Sin embargo, se trata de un tema tabú del que incluso la sociedad trata de taparlo. Incluso las noticias no reflejan esta realidad, incidiendo más en hechos sensacionalistas como asesinatos y otros tipos de muertes violentas. Estas personas que deciden poner fin a la vida para acabar su sufrimiento son ejemplos claros de gente infeliz. Pero, ¿Qué es ser feliz? ¿No resulta demasiado abstracto y general? Lo correcto es trazar un plan de vida en el que cada uno, individualmente, se plantee en las diferentes facetas de su vida qué objetivos quiere conseguir. Así por ejemplo en el área laboral, conseguir un ascenso (o en estos tiempos de crisis un trabajo) es un objetivo que puede ocupar la mayor parte de tu tiempo diario. En el área familiar, invitar a los a alguna comida familiar para mejorar las relaciones con los hermanos, por ejemplo; en el área social, realizar una llamada telefónica en un momento que lo necesitas…y así sucesivamente en todas y cada una de las áreas en las que nos solemos mover a diario. Las metas se han de plantear a corto, medio y largo plazo. De este modo, podrás conseguir lo que quieres. Tener objetivos en la vida, planificarte, vivir el trayecto hacia el objetivo con actitud positiva y optimista y disfrutar del camino hacia la meta es esencial para conseguir un equilibrio psicológico y social y encontrarte bien contigo mismo y con los demás. Ciertamente, la fórmula de la felicidad existe. En su libro “El viaje a la felicidad” de Eduard Punset, llega a citar los factores reductores y los significativos de la misma, y una “receta” (matemática, por supuesto) donde entran en juego los diferentes factores señalados. No en vano, entre los factores significativos se encuentran la emoción al comienzo y final del proyecto, mantenimiento y atención al detalle, disfrute de la búsqueda y expectativas y las relaciones personales. Hemos de confiar en la fórmula que Punset nos indica puesto que está demostrada científicamente. Incluso la felicidad puede investigarse, descomponer los elementos que la conforman y la manera de alcanzarla. Del mismo modo, la terapia cognitivo-conductual está científicamente validada y ofrece unos buenos resultados en relación a la mejora del bienestar mental e interpersonal. Datos sobre suicidio extraídos de: Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos (2006) “10 de octubre: Día Mundial de la Salud Mental”. Infocop Online, Diciembre , numero 3

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EL DUELO. SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO.

  El duelo por la muerte de un ser querido es una experiencia universal, es decir, por la que todos/as hemos de pasar antes o después. Independientemente de la ideología religiosa o si se carece de ella, el duelo está asociado a un sufrimiento psicológico. Especificando más, podemos definir el duelo como los pensamientos, sentimientos (incluyendo los síntomas físicos y emocionales) y acciones consecuentes a la anticipación o pérdida de una persona o cosa amada (incorporando así el duelo anticipado y aquel que es producido por pérdidas diferentes a personas queridas). El duelo es necesario y cumple una función adaptativa, permitiendo el restablecimiento del equilibrio roto tras la pérdida y posibilitando nuevos vínculos. El duelo puede ser un proceso largo, doloroso y lleno de sufrimiento y por ello requiere en ocasiones de la atención de expertos en salud mental (psicólogo, psiquiatra…). Es el denominado duelo complicado. Las fases por las que suele atravesar una persona que está viviendo una experiencia de duelo son las siguientes (Parkes, 1970, en Soler MC y Jordá E, 1996): 1) Desconcierto y embotamiento. Sentimiento de irrealidad. Puede durar horas o unos pocos días. 2) Anhelo y búsqueda de la pérdida. Intensa añoranza del fallecido. Lloros, ansiedad, rabia, aturdimiento. Suelen durar unas 3 semanas. 3) Desorganización y desesperación. Apatía y desesperación. Todos los apetitos se encuentran disminuidos. Se vive el día evitando mirar el futuro. Muchos se aíslan socialmente. Suele durar unas 4 semanas. 4) Reorganización y recuperación. Se restablecen los apetitos y se recupera el peso perdido. Incorporarse a actividades con una proyección de futuro es una valiosa y oportuna elección para poder reorganizar la vida de la persona doliente. Las manifestaciones físicas, psicológicas y sociales del duelo son múltiples y normales, por lo que es necesario desdramatizar aquellas que pueden angustiar al círculo de familiares y amigos más cercanos. El final del duelo ha concluido cuando el dolor intenso es sustituido por el recuerdo afectuoso y tranquilo del pasado. Sin embargo, en los días previos al aniversario de la pérdida, al igual que un hecho traumático, puede ir asociado a emociones más intensas de tristeza y ansiedad, dificultad de concentración, pérdida de apetito, períodos de irritabilidad, pesadillas… así como a una reexperimentación de los sucesos asociados a la muerte del ser querido. Es preferible prevenir las complicaciones que tener que tratarlas. Los principios básicos de actuación son (Soler y Jordá, 1996): -Informar acerca de la normalidad de las manifestaciones (síntomas y fases descritas) del duelo. -Favorecer la identificación y expresión de sentimientos y pensamientos del doliente. -Detectar e intervenir casos de duelo complicado. -Estimular a decir adiós al fallecido y recordar su derecho a ser felices. -Superar el aislamiento. Un libro recomendado: “El camino de las lágrimas” De Jorge Bucay. Permitidme que acabe con una cita de Freud, por el acierto de sus palabras (1917): La muerte es algo natural, incontrastable e inevitable. Hemos manifestado permanentemente la inequívoca tendencia a hacer a un lado la muerte, a eliminarla de la vida. Hemos intentado matarla con el silencio. En el fondo nadie cree en su propia muerte. En el inconsciente cada uno de nosotros está convencido de su inmortalidad. Y cuando muere alguien querido, próximo, sepultamos con él nuestras esperanzas, nuestras demandas, nuestros goces. No nos dejamos consolar y hasta donde podemos nos negamos a sustituir al que perdimos. “Hablar de nuestra pena nos ayuda a calmarla”. Pierre Corneille.

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LOS TRASTORNOS DE ANSIEDAD:CLASIFICACIÓN Y TRATAMIENTO

Definición La ansiedad es normal e incluso adaptativa en ciertas situaciones diarias (un examen, las situaciones de tráfico denso…). Surge cuando anticipamos un posible resultado negativo o amenaza preparándonos para actuar ante ellas mediante una serie de reacciones cognitivas (pensamos más deprisa por ejemplo) , fisiológicas (aumento de la tensión de los músculos, sudoración…) y conductuales (estamos más inquietos, ágiles…) (Cano-Vindel, 2004). Pero en ocasiones la ansiedad no resulta adaptativa, y podemos anticipar amenazas o percibir falsas alarmas, o incluso muchas personas se activan sin saber por qué. Entonces ya estamos hablando de un trastorno de ansiedad. Prevalencia Los trastornos de ansiedad son junto con los trastornos del estado de ánimo (trastornos depresivos, trastornos bipolares…) son los trastornos mentales más prevalentes entre la población. Clasificación Según el DSM-IV, el Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, los trastornos de ansiedad se clasificarían en: -Trastorno de angustia con o sin agorafobia: crisis de ansiedad con o sin evitación de las mismas. -Fobia específica: Temor excesivo e irracional por la presencia o anticipación de u objeto o situación específicos (animales, volar, visión de sangre…) -Fobia social: Temor acusado por una o más situaciones sociales o actuaciones en público en las que el sujeto se ve expuesto a la posible evaluación por parte de los demás. -Trastorno obsesivo compulsivo: en este trastorno, las obsesiones son pensamientos, impulsos e imágenes persistentes que causan ansiedad y las compulsiones son comportamientos o actos mentales repetitivos que tratan de prevenir o reducir el malestar. -Trastorno por estrés postraumático (TEP): la persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático que es reexperimentado persistentemente con síntomas persistentes de activación y evitación de los estímulos asociados al trauma. Se diagnostica si se prolonga más de un mes. -Trastorno por estrés agudo: los síntomas son los mismos que en el TEP, solo que la duración es menor (entre 2 días y 4 semanas). -Trastorno de ansiedad generalizada: ansiedad y preocupación excesivas sobre una amplia gama de acontecimientos que se prolongan más de 6 meses. -Trastorno de ansiedad debió a enfermedad médica -Trastorno de ansiedad inducido por sustancias -Trastorno de ansiedad no especificado Tratamiento (últimas tendencias) Los pacientes con este tipo de trastorno, tratan de evitar precisamente aquellas situaciones en las que piensan que puede haber peligro (en el caso de fobia social, evitan el contacto con la gente; en el trastorno de angustia evitan las situaciones que piensan han sido las causantes de su primera crisis…). Los objetivos del tratamiento cognitivo-conductual básicamente son: tratar de analizar y comprender el comportamiento, pensamientos y emociones junto con el paciente y posteriormente se dirige a afrontar y exponer al paciente progresivamente a la situación temida. Por supuesto, cada trastorno tiene unas características y cada paciente unas necesidades, que el terapeuta ha de tener en cuenta en la evaluación, diagnóstico y tratamiento. Como en otros ámbitos de la vida, las últimas tendencias en psicoterapia se dirigen al tratamiento de este tipo de trastornos a través de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs). Añaden grandes ventajas pero también aparecen ciertas limitaciones en su uso (ver trabajo de Baños RM y colaboradores, 2011). En ciertos casos, el psicológo ha de trabajar en colaboración con el psiquiatra. el cual puede considerar oportuno prescribir un tratamiento psicofarmacológico al paciente.

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INTELIGENCIA EMOCIONAL

El término de inteligencia emocional fue acuñado por Salovey P y Mayer J (1990). Sin embargo, el impacto mediático más fuerte en relación a este tema fue a partir de la publicación del libro de Daniel Goleman en el año 1995, que ha llegado a ser líder de ventas mundial. Un título chocante de uno de sus capítulos es “Cuando el listo es tonto”. En pocas palabras resume una idea básica de la obra: la inteligencia emocional, esto es, los rasgos y el carácter entre otros aspectos (como la suerte y la clase social), son mucho más importantes (hasta un 80%) para alcanzar el éxito que las habilidades académicas que son promovidas en la escuela. Entonces, ¿Por qué no enseñar desde pequeños a saber auto motivarnos, reconocer las emociones y relacionarnos? Pero vayamos por el principio: ¿Qué es inteligencia emocional? Es el conjunto de destrezas, actitudes, habilidades y competencias que determinan la conducta de una persona, sus reacciones y estados mentales. Es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones.   La inteligencia emocional, por tanto, está formada por las siguientes capacidades: *Inteligencia personal: -Autoconciencia o conocimiento de las propias emociones. -Autocontrol de las propias emociones. -Automotivación. Saber conocer, controlar y regular las emociones (ira, tristeza, miedo, alegría, amor, sorpresa, aversión, vergüenza) es fundamental para el afrontamiento de las situaciones difíciles en todos los ámbitos de la vida (familia, trabajo, pérdidas…). *Inteligencia interpersonal: -Empatía o reconocimiento de las emociones ajenas. -Habilidades sociales. Con un entrenamiento adecuado, todas estas habilidades pueden mejorarse en cualquier etapa del ciclo vital. Los/las psicólogos/as podemos aportar mucho en este aspecto en diferentes ámbitos: en psicología educativa a través de actividades dirigidas a los alumnos de las diferentes etapas educativas; para los trabajadores de una empresa a través de las actividades promovidas por el psicólogo de la misma y en psicología clínica para el crecimiento personal de los pacientes.

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RESILIENCIA O CRECIMIENTO PERSONAL

Según Grotberg (1995), la resiliencia es la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformadas por ellas. Desde la neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos (Instituto Español de Resiliencia). Esa capacidad de resistencia se prueba en situaciones de fuerte y prolongado estrés, como por ejemplo el debido a la pérdida inesperada de un ser querido, al maltrato o abuso psíquico o físico, al abandono afectivo, al fracaso, a las catástrofes naturales y a las pobrezas extremas. Actualmente la resiliencia es considerada como una forma de psicología positiva no encuadrándose dentro de la psicología tradicional. Por tanto, otros conceptos relacionados con el crecimiento personal son el coaching, tan de moda en estos tiempos, por ejemplo. Y como una imagen vale más que mil palabras, el ave fénix, que resurge de las cenizas. En suma, ante los problemas, la capacidad de verlos como una oportunidad para salir fortalecidos de ellos, es decir, percibirlos como un reto en lugar de cómo una amenaza, es fundamental para poder conseguir el equilibrio personal. Aprender de la experiencia ante momentos de adversidad para hacernos más fuertes puede resultar una tarea difícil, aunque no imposible con la ayuda de un especialista.