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Recuperar la libertad después de una relación de control

Cuando se proviene de una relación de control y humillación, en la que tus preocupaciones, inseguridades, miedos, sensación de ser insuficiente…se mantienen en el tiempo, e incluso durante años y pueden acrecentarse durante la relación, y te sientes privada de autonomia e independencia, Te has centrado en tu rol de madre, esposa y profesional si has tenido oportunidad de serlo, sacrificando simplemente ser tú, compartir experiencias con otras personas sin sentirte que has de justificarte, dar explicaciones, sentirte juzgada ante tu pareja ni ante nadie crea una sensación de libertad y conexión con otros brutales.. eso es lo que vivi ayer en una convivencia social estando con otros compañeros que no conocia y me lance a la aventura (y mira que yo soy poco aventurera, eh) y a pesar del calor, de los kilometros recorridos…disfrute de la conexión de la naturaleza y de estar con otros como hacie tiempo que estaba deseando hacer.. simplemente ser yo, conectarme conmigo misma, respirar, estar en el presente, ver el paisaje, bañarme, conversar, hacer dinámicas sin exigencias, sin máscaras, sin tener que demostrar nada Tener otra vida, otras decisiones Y disfrutar del camino Estela Palabras que hoy significan mucho para mí: 🍃 Autonomía. 🌿 Libertad. 💚 Naturaleza. 🤝 Conexión. 🧭 Decidir por mí. ✨ Ser yo. ¿Y tú? ¿Te identificas con esto?

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Cuando te ponen en un pedestal

Todos necesitamos confiar en las personas que nos rodean. Sin embargo, a veces la confianza se transforma en algo diferente: expectativas tan elevadas que resulta imposible sostenerlas. Cuando alguien nos idealiza, puede llegar a vernos como especialmente competentes, comprensivos, atentos o incluso excepcionales. Mientras la realidad coincide con esa imagen, la valoración suele ser muy positiva. El problema aparece cuando surge una discrepancia. Puede tratarse de un error, una limitación, una decisión difícil o simplemente una actuación que no coincide con lo que la otra persona esperaba. En esos momentos, la decepción puede ser intensa. A veces, el mismo profesional, amigo o familiar que ayer era percibido como maravilloso pasa a ser considerado insuficiente o incluso decepcionante. No necesariamente porque haya cambiado, sino porque la imagen idealizada se ha roto. Este fenómeno puede aparecer en muchos ámbitos de la vida: relaciones de pareja, amistades, vínculos familiares o relaciones profesionales. Las expectativas influyen enormemente en cómo interpretamos la realidad. Cuando son razonables, nos ayudan a confiar. Cuando son excesivas, pueden convertirse en una fuente de frustración para ambas partes. Quizá una de las lecciones más importantes sea recordar que ninguna persona es perfecta. Todos tenemos límites, cometemos errores y tomamos decisiones que no siempre serán comprendidas o compartidas. Aceptar la humanidad de los demás suele generar relaciones más realistas, más estables y, paradójicamente, también más satisfactorias. En poco tiempo me he sentido enjuiciada porque a nivel personal y profesional esperaban más de mi, o ser una persona más dócil etc y la decepción ha sido alta y el dolor por ambas partes. Recuerda: todos somos humanos, podemos cometer errores, y no tenemos porque cumplir con las expectativas de todos..al final son más una losa que otra cosa.. asi que… Estela

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Vidas que sostienen demasiado

Si escribiera un diario (algo que se pudiera compartir…jeje), empezaria asi: Cuando el día empieza antes que yo Son las ocho de la mañana y ya estoy dentro del día como si no hubiera transición. Hay una parte de mí que quiere desayunar en silencio, otra que repasa lo que tiene que hacer, otra que intenta anticipar lo que puede pasar más tarde. Hoy incluso pienso en la posibilidad de que alguien venga antes de lo esperado, de que se desordene el plan, de tener que reaccionar deprisa. Y me doy cuenta de algo: no es solo el día lo que empieza temprano, es la mente. El estrés no siempre aparece como un momento concreto. A veces es esta sensación de estar ya en marcha antes de haberme colocado del todo en mí. He estado pensando en dos personas que he visto recientemente en consulta. Dos formas distintas de estrés, pero una misma base: demasiada carga sostenida en el tiempo. Uno con la responsabilidad de que todo dependa de él, otro con la sobrecarga de tener que hacer el trabajo de muchos. Y en ambos casos aparece lo mismo: el cuerpo sigue, pero por dentro ya no hay espacio. A veces lo imagino como estar bajo el agua. No de forma dramática, sino cotidiana. Seguir hablando, trabajando, resolviendo… mientras algo dentro pide aire. Y también existe el otro movimiento: cuando esa carga empieza a soltarse un poco. Cuando las obligaciones dejan de ocuparlo todo y aparece un espacio más ligero, aunque sea pequeño. Como si la mente recordara que no todo tiene que sostenerse al mismo tiempo. Hoy estoy entre esas dos imágenes. Entre el peso y el alivio. Entre lo que sostiene demasiado y lo que empieza a aflojar. ¿Te has sentido alguna vez funcionando por fuera mientras por dentro estabas agotada/o?

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La soledad: necesidad de conexión y problema de salud

Según el Emocionario, la soledad es la ausencia de compañía. Es una definición sencilla y útil: puede ser incluso práctica cuando necesitamos silencio o no queremos ser molestados. Sin embargo, también puede volverse angustiante cuando sentimos que no tenemos a nadie a quien acudir o con quien compartir lo que nos ocurre. Pero esta definición se queda corta en cuanto empezamos a observar la experiencia humana real. Porque sí: también es posible sentirse solo estando con gente.  Estar acompañado no siempre es estar conectado El propio Emocionario lo sugiere con ejemplos cotidianos: puedes estar en un grupo, pero no entender la conversación, no compartir referencias o sentirte fuera del tema. En ese momento, aparece una forma muy concreta de soledad: la desconexión dentro del vínculo y la sensación de falta de pertenencia.  La soledad a lo largo de la vida La soledad no pertenece a una etapa concreta. Cambia de forma según el momento vital: La soledad por tanto no tiene edad.  Cuando la soledad se vuelve extrema En algunos casos, la soledad no solo duele: condiciona decisiones. En poco tiempo he escuchado por medios de comunicación que había personas mayores que preferían estar en la cárcel para no sentirse solos en sus casas  o sobre el uso de tecnología e inteligencia artificial como forma de acompañamiento. Estas realidades, más allá de los detalles concretos de cada caso, apuntan a una misma idea: Cuando el vínculo humano desaparece, cualquier forma de presencia se vuelve valiosa. O un programa llamado Aislados donde diez personas les colocan a kilómetros de distancia unos de otros y han de sobrevivir en condiciones extremas teniendo que crear su propio refugio y buscando la comida, cazando…creedme, lo vi con avidez y registre que la mayor parte por no decir todos echan de menos la compañía de sus seres queridos, y más de la mitad abandono porque quería volver con ellos, no tanto por hambre, frio o cansancio. .  La necesidad de tribu Frente a esto aparece una idea fundamental: la necesidad de tribu. No como grupo social superficial, sino como espacio de pertenencia real, donde el cuerpo y la emoción pueden relajarse. He vivido personalmente que experiencias como la danza terapia, los círculos de mujeres o los espacios de acompañamiento emocional como el evento de Silvia Congost que asisti justo ayer  muestran algo importante: la conexión no es solo mental, a través del habla sino tambien  a través de técnicas más experienciales o corporales: Visualizaciones de niña interior , baile, postura de empoderamiento, mantras y frases de autocompasión leidas en grupo…dan un toque de sensación de acompañamiento muy potente y sentir que no estás sola en tu experiencia vital. En esos espacios puede aparecer algo muy profundo: Todos estos procesos ayudan a reconstruir una sensación interna de seguridad. Reparar la soledad desde el vínculo La soledad no siempre se resuelve estando con más gente, sino aprendiendo a reconstruir la capacidad de conexión. Eso implica: A veces, la reparación no es individual, sino relacional.  Comunicar para volver a conectar El Emocionario apunta algo clave: para vencer la soledad es importante comunicarse. Y quizá aquí está una de las claves más simples y más profundas a la vez: la soledad no siempre desaparece, pero puede transformarse cuando hay espacio para la palabra, la escucha y el vínculo.  En conclusión… La soledad no es solo la ausencia de compañía. Es la ausencia de conexión significativa. Y por eso puede aparecer incluso en medio de otras personas, en distintas etapas de la vida o en momentos de crisis personal. Pero también puede transformarse: en vínculo, en tribu, en presencia compartida. Pero lo más importante es que la soledad no es solo una experiencia individual. Hoy sabemos que también es un problema de salud pública. Organismos internacionales han señalado que la desconexión social no solo afecta al bienestar emocional, sino también a la salud física y mental. Se asocia a mayor riesgo de depresión, ansiedad, enfermedades cardiovasculares e incluso a una reducción de la esperanza de vida. Por eso, la soledad ya no se entiende únicamente como un estado interno, sino como un factor que impacta directamente en la salud de la población. Y quizá, al final, lo más sencillo también es lo más importante: recordar que la conexión empieza en lo pequeño. En Psicosalud Emocional puedes comenzar teniendo un vinculo seguro en las sesiones.. A veces, basta con algo tan simple como esto:“Respira… no estás sola 💜🦋 Estela

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RELACIONES DIFíCILES. Historias, aprendizajes y recursos para quienes se sienten atrapados

Las relaciones forman una parte esencial de nuestra vida. Nos construyen, nos sostienen… pero también pueden herirnos profundamente. En mi caso, al mirar atrás, veo que no es casualidad que muchas de mis relaciones hayan sido difíciles. Crecí en un entorno donde la seguridad emocional no estaba del todo presente. Mis padres no podían convivir y la relación entre ellos era complicada. Mi padre aparecía y desaparecía, y mi madre, con sus propias dificultades, volcaba muchas cosas en mí. Aprendí pronto a no molestar, a adaptarme, a ser “la niña buena”. En el colegio, esa inseguridad se hizo más evidente. Me costaba relacionarme, me inhibía, y eso me colocaba en una posición vulnerable. Sufrí burlas, rechazo, y poco a poco fui haciéndome más pequeña. Mi autoestima se fue resintiendo sin que yo fuera del todo consciente. En la adolescencia, la necesidad de pertenecer se hizo más fuerte. Quería tener amistades, sentirme parte de algo. Pero no sabía muy bien cómo hacerlo. Y sin darme cuenta, empecé a fijarme en personas que no me trataban bien. A día de hoy lo veo claro, pero entonces no entendía por qué me atraían justo esos perfiles. Durante la universidad, el entorno mejoró. Encontré un ambiente más seguro, incluso un grupo de amigas. Pero por dentro yo seguía siendo la misma: insegura, cerrada, con miedo a que me hicieran daño. Me colocaba en segundo plano, observando más que participando. Llegó un momento en el que la soledad pesaba tanto que decidí salir de mi zona de confort de una forma poco habitual: puse un anuncio buscando amistad. A través de ahí conocí a distintas personas. Algunas experiencias fueron confusas, otras me ayudaron a sentirme un poco más acompañada. Pero sobre todo, ese camino me llevó a una relación que marcaría un antes y un después. Cuando conocí a mi pareja, todo fue fácil. Rápido. Fluido. Él me ofrecía algo que nunca había tenido: sensación de seguridad, pertenencia, una familia amplia, un lugar donde encajar. Me integró en su mundo, conocí a su entorno, viví experiencias nuevas… y me sentí, por primera vez, dentro de algo. Con el tiempo he entendido que no me enamoré solo de la persona, sino de lo que representaba para mí en ese momento. Cuando vienes de una historia marcada por la inseguridad, la soledad o el rechazo, la sensación de seguridad puede pesar más que otras cosas importantes. Y desde ahí, sin darte cuenta, empiezas a construir relaciones que no siempre son sanas, pero sí familiares. No es fácil ver estos patrones. Mucho menos cambiarlos. Pero empezar a entenderlos… ya es un paso enorme. Si te has sentido identificada con esto, quiero decirte que no estás sola.Entender estos patrones ya es un primer paso importante. Si te apetece profundizar un poco más, he preparado un material gratuito donde explico con más calma este tipo de dinámicas y cómo empezar a salir de ellas.Incluye un pequeño e-book y algunos audios que puedes escuchar a tu ritmo. Si lo quieres, puedes escribirme por email y te lo envío. Y me encantará saber si te ha servido, sugerencias y etc. Aqui tienes dos emails donde puedes escribirme y te contestaré personalmente enviándotelo: estelamontolio@gmail.com o psicosaludemocional@cop.es Respira…No estás sola Estela