Si escribiera un diario (algo que se pudiera compartir…jeje), empezaria asi:
Cuando el día empieza antes que yo
Son las ocho de la mañana y ya estoy dentro del día como si no hubiera transición.
Hay una parte de mí que quiere desayunar en silencio, otra que repasa lo que tiene que hacer, otra que intenta anticipar lo que puede pasar más tarde. Hoy incluso pienso en la posibilidad de que alguien venga antes de lo esperado, de que se desordene el plan, de tener que reaccionar deprisa.
Y me doy cuenta de algo: no es solo el día lo que empieza temprano, es la mente.
El estrés no siempre aparece como un momento concreto. A veces es esta sensación de estar ya en marcha antes de haberme colocado del todo en mí.
He estado pensando en dos personas que he visto recientemente en consulta. Dos formas distintas de estrés, pero una misma base: demasiada carga sostenida en el tiempo. Uno con la responsabilidad de que todo dependa de él, otro con la sobrecarga de tener que hacer el trabajo de muchos.
Y en ambos casos aparece lo mismo: el cuerpo sigue, pero por dentro ya no hay espacio.
A veces lo imagino como estar bajo el agua. No de forma dramática, sino cotidiana. Seguir hablando, trabajando, resolviendo… mientras algo dentro pide aire.

Y también existe el otro movimiento: cuando esa carga empieza a soltarse un poco. Cuando las obligaciones dejan de ocuparlo todo y aparece un espacio más ligero, aunque sea pequeño. Como si la mente recordara que no todo tiene que sostenerse al mismo tiempo.

Hoy estoy entre esas dos imágenes.
Entre el peso y el alivio.
Entre lo que sostiene demasiado y lo que empieza a aflojar.
¿Te has sentido alguna vez funcionando por fuera mientras por dentro estabas agotada/o?
¿Qué cosas te ayudan a volver a sentir espacio mental cuando todo se acumula?
Y recuerda: No siempre el problema es la capacidad de la persona.
A veces el problema es la cantidad de peso que lleva encima.Un abrazo
Estela

