DEPRESIÓN, CARENCIA DE ILUSIÓN

¿Sientes un estado de ánimo deprimido casi la mayor parte del día, disminución importante del interés y placer por todas o casi todas las actividades, pérdida importante de peso, insomnio o hipersomnia, agitación o retraso psicomotor, fatiga o pérdida de energía, sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada, disminución de la capacidad de pensar o concentrarse, pensamientos de muerte recurrentes? Se tratan de los criterios para diagnosticar un trastorno de depresión mayor. Esto es a título informativo y divulgativo, de forma que sería necesaria la valoración clínica de un profesional cualificado para poder llegar a un diagnóstico. El término depresión se ha vulgarizado puesto que se confunde con tristeza. Se trata de la principal causa de discapacidad en el mundo (2030). Se trata de un sufrimiento devastador que incluso cursa con dolor físico.

 

Hace años, cuando comencé mi andadura en la divulgación dentro de esta página web de contenidos psicológicos, dediqué una de mis publicaciones a la depresión explicando los síntomas, las causas, los factores que influyen en su aparición así como la situación en nuestro país. Podéis echarle un vistazo en el siguiente enlace http://www.psicologosaldaia.com/datos-sobre-la-depresion/ o viendo el historial de mi blog.

 

Hace semanas se emitió un programa de “Salvados” http://www.atresplayer.com/television/programas/salvados/temporada-13/capitulo-8-uno-cada-cinco_2018012600238.html en el que se dedicaba a explicar la depresión así como ilustrar con casos reales esta enfermedad “que te chupa las ganas, las energías y la ilusión” tal y como comentaba una joven en el reportaje. Varias personas con depresión ya superada, una joven hija de una mujer con depresión y varios  psiquiatras comparten sus vivencias alrededor de una mesa y en un lugar idílico, en una casa de montaña rodeada de nieve. En el documental citado, el periodista Jordi Évole pregunta si existe una relación entre depresión y suicidio. El psiquiatra allí presente responde que un 7% de personas con depresión se suicidaron. Es un estigma y un tabú hablar de suicidio. Se trata de la mortalidad de la depresión. La hija de la mujer con depresión, comenta que su madre falleció por su enfermedad, no es que se mató sino que fue su propia enfermedad que no pudo superar la que pudo con ella.

Recuerdo un caso de hace relativamente poco tiempo en el que la mujer y el hijo de un hombre que se suicido acudieron a mi consulta. Se sentían culpables. El cabeza de familia estaba atravesando una crisis personal, una depresión profunda de la que le resultó imposible salir. Necesitaban ser escuchados en un espacio de respecto, sin tabúes, y sin el sentimiento de culpabilidad que suele aparecer en este tipo de casos. Se lo proporcione y me lo agradecieron.

Tras un intento de suicidio, indagar las causas, mostrar empatía hacia la persona, hacer un listado con las razones de vivir e incluso redactar un contrato entre psicólogo y cliente son algunas de las técnicas que pueden usarse en esta situación de crisis entre otras que lleguen a ser útiles para la persona en cuestión.

En un breve periodo de tiempo he atendido casos en los que la depresión era digamos un elemento importante para poder explicar la situación que estaban viviendo estas personas, concretamente se trataba de mujeres. Cada una con su historia personal y singular, con sus preocupaciones, necesidades, emociones.

Una de ellas, una mujer de 80 años me comentaba que “estaba con la depresión”: al escucharlo me daba la sensación que se encuentra acompañada por ella. La depresión tiene una función. Se trata de una persona mayor y dependiente por la poca movilidad que presenta y con sensación de soledad y de abandono por parte de su familia. Con ello no quiero quitar importancia al sufrimiento. Paradójicamente ella ha sido siempre una mujer alegre, quiere ser la que era antes (una frase típica de las personas que he ido atendiendo) pero tiene un historial de depresión importante. Prefiere abandonar la atención psicológica por no poder hacerse cargo de los gastos que supone.

En otros casos frases como “Soy una tarada, estoy muy mal”…son frases autodescalificadoras que alimentan aun más el sufrimiento y perpetuán la situación de inutilidad y fragilidad que sienten.

La sensación de sentirse incomprendidos por su situación es general. Incluso la gente quiere animarles para que salgan de su estado o se enfadan con ellos porque no entienden porque están así: si se encuentran bien objetivamente, tienen trabajo, hay gente que le quiere…¿Qué más le hace falta?

En el programa de Evole apenas nombran la figura del psicólogo. Si que explicitan que existe una hipermedicalización y una de las jóvenes con historial de depresión comenta que nadie sabe nada de ti y la solución es la misma: tomar pastillas. Personalmente viví esta experiencia cuando falleció mi madre hace más de 10 años. Como sabía cómo funcionaba el sistema al haber estudiado psicología acudí a mi médica de cabecera de entonces. Le conté mi historia (tristeza por duelo, algo normal pero necesitaba hablar con un profesional especializado, un compañera) y su primera acción fue recetar antidepresivos. Una experiencia normal como un duelo, se intenta medicalizar. Entiendo la saturación del personal médico y su posible incapacidad para atender una situación semejante de otro modo por lo que reivindico desde aquí esta necesidad urgente por incluir la figura del psicólogo en atención primaria. Por supuesto en esa situación me negué a tomarme las pastillas pero otra persona quizá hubiera accedido a hacerlo. Es algo prescrito por un doctor legalmente, aparentemente no hay ningún riesgo. El psicólogo es la siguiente opción si el resultado tras la medicación no es el esperado. Por supuesto existen casos de depresión en los que es necesaria la medicación pero no en todos ellos lo es, y por supuesto no debe confundirse la depresión con un estado de duelo (a no ser que se trate de un duelo patológico) que es un proceso normal por el que todos hemos de pasar en algún momento de nuestras vidas.

Por todo ello, la ilusión es una herramienta, necesaria aunque posiblemente no lo suficiente. Se trata

de una manera de motivarse, vislumbrar una luz, permitirse soñar despierto. La ilusión se desinfla con el tiempo conforme maduramos por el estrés, altas expectativas personales y del entorno incumplidas, sueños frustrados…Aunque no hay que olvidar también las cada vez más altas tasas de depresión entre la población infantil pero ese es otro tema posible para otro post.

“Aprende a ilusionarte”, nuevo lema de mi proyecto Psicosalud Emocional

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